Opinión

¡Gracias, Nelson!

1 Jul 17:29
Opinión

¡Gracias, Nelson!

1 Jul 17:29

Por Christian Pérez /@chrisperezz7

¡Gracias, Nelson! No por haber dejado la vida por los colores de la selección paraguaya, ni haber hecho dos goles que nos clasificaron a los Mundiales del 2006 y 2010, sino gracias por ser un ejemplo de inspiración para todas las generaciones que se acuestan día a día soñando con ser futbolista profesional.

Gracias por demostrar con hechos que los sueños hay que buscarlos muchas veces, asumiendo que los obstáculos son y serán parte del cualquier camino hacia el éxito. Para muchos sos un “fracasado” y dejame decirte, ¡cuánto me hubiese gustado fracasar como vos!

Los goles, los títulos y el dinero ya son ingredientes secundarios de tu gran carrera como futbolista profesional. Los que realmente apreciamos los valores del fútbol, queremos resaltar el más allá de cualquier éxito temporal, que se borra con el correr de los días, meses y años, no así el legado de la perseverancia, constancia, ganas de superación y pasión por este deporte tan hermoso que siempre transmitiste.

Podemos discutir sobre tu talento y las virtudes futbolísticas de Nelson Haedo Valdez. Quizás nunca fuiste un dotado de técnica excesiva como Roque, quizás nunca fuiste un definidor brillante como “Tacuara” Cardozo y otros “killers”, pero los citados nunca tuvieron el corazón y las ganas de no rendirse nunca dentro de un campo de juego, como vos lo hiciste.

El Nelson “persona” fue un reflejo del Nelson “jugador” y es la clave que lo llevó a conquistar el cielo con las manos. Atrevido, luchador, constante, pasional, de enorme carácter para no achicarse y la valentía necesaria para plantarse ante quien sea.

Saber sufrir es parte del camino

No es conformismo, pero cualquier futbolista que ha logrado ser profesional, merece ser reconocido y más en este país donde solamente se valora el fruto sin haber regado las semillas (apoyo a inferiores). Quien escribe particularmente siente una admiración tremenda por cualquier jugador que ha llegado a Primera, porque méritos no le faltaron y con seguridad puedo decir que nadie le ha regalado nada.

Nadie sabe cuánto ha sufrido un futbolista por problemas económicos, nadie sabe cuánto ha llorado un futbolista por desilusionarse y analizar abandonar el sueño de toda su vida, nadie sabe lo que sufre un futbolista cuando las lesiones amenazan su carrera y quizás su futuro. Nadie sabe que las mañanas, tardes y noches de frío, lluvia y calor a campo abierto, son parte de la rutina de un futbolista. Nadie sabe qué siente un futbolista cuando sus sueños son atacados por un “tecleador” como yo, que solamente le exige comportarse como un robot y le prohibe tener un error. Nadie sabe, ni le importa si el futbolista tiene un problema personal, siente tristeza o dolor interno.

Claro que no. Ellos son futbolistas. Tienen todo, no les falta nada y cuando llegan ser profesionales, dejan de ser personas.

Es cierto, no se lo pueden comparar con un vendedor ambulante, no es una persona del mercado que se levanta a las 3 de la mañana para pelear día a día por subsistir, pero tampoco es tan fácil como nos quieren hacer creer. Toda recompensa algún día tuvo un camino con muchos sufrimientos y obstáculos.

La idea de este escrito, que es un pensamiento libre evidentemente, ya mezcló todos los temas quizás, pero era necesario para contextualizar y admirar la carrera de un hombre que ha dejado todo un legado en Paraguay, aunque muchos quieran mezclar colores. Haedo no es el único que ha logrado la hazaña de salir del rincón más lejano de nuestro país para triunfar como futbolista profesional en grandes ligas del mundo, pero su historia debe ser una inspiración y motivación cualquier jugador con proyecciones.

Soñar es lo más fácil, pelear por ello es difícil, pero lo complicado es lograr convertirlos en realidad.

Un día, a 230 kilómetros (San Joaquín-Caaguazú) de Asunción, donde el futuro parece ser más prometedor, un chico de 16 años (Nelson Haedo) decidió abandonar su comodidad, sus amigos, sus padres, para buscar un sueño de toda su vida.

El camino no era fácil, él lo sabía y había asumido los riesgos. Jugar en el ascenso, donde muy pocos logran sobrevivir, dormir bajo las graderías (Tembetary) más frías y calurosas a la vez, dependiendo del clima. Noches de soledad, pensando en un futuro incierto, que te mostraba el camino de regreso a casa.

Eso fue pan comido y el nuevo reto era aventurarse a un país distinto, a una cultura nueva, sin saber saber siquiera los colores de su bandera (Alemania). Nelson Haedo desafío al destino y sus obstáculos. Luchar contra el idioma, la xenofobia (existe en todos lados) y un fútbol que jamás había experimentado. Rendirse nunca fue una opción y él lo tenía memorizado.

El chico que no sabía hablar más que el guaraní, ahora puede mirar atrás y decir que conquistó Alemania, España, Grecia, Estados Unidos y que fue parte de la mejor selección paraguaya en la historia de los Mundiales.

Solamente quiero decirte gracias, Nelson. Por ser ejemplo de superación, por demostrar que en el fútbol no solamente triunfa el talento y por haber llevado nuestros colores a cualquier rincón del planeta. El orgullo que siempre tuviste por nuestra tierra es el mismo que sentimos todos cuando alguna vez escuchamos o leímos que un paraguayo triunfó en Alemania o que le hizo dos goles al mejor Barcelona de la historia, en el mítico Camp Nou.

Al inicio decía que no era necesario resaltar tus logros personales, pero sería muy injusto también obviarlos, así que...

Gracias por haber sido el jugador profesional con más alma de hincha que tuvo el fútbol paraguayo. Por dar hasta la última gota en la selección paraguaya, por los goles que nos llevaron al Mundial, por tener la valentía de patear ese bendito penal (ante Japón) y dejar la vida en el partido más importante de nuestra historia (ante España).

Populista para muchos, pero estoy seguro que siempre fue parte de tu ser. Cada logro en la vida debe ser festejado como siempre lo hiciste y más aún cuando mirás el camino recorrido.

Gracias por haber sido siempre un auténtico pasional dentro del césped y muchas gracias por haber cumplido el sueño de los que nunca llegamos a ser profesionales.

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