Opinión

El fútbol te avisa y el que avisa no traiciona

Daniel Garnero. Foto: Archivo Néstor Soto. | 26 Oct 13:23
Daniel Garnero. Foto: Archivo Néstor Soto.
Opinión

El fútbol te avisa y el que avisa no traiciona

26 Oct 13:23

Por Christian Pérez/ @chrisperezz7

El fútbol da señales, te avisa y el que avisa no traiciona. Daniel Garnero fue consciente de los síntomas, pero nunca quiso reconocer que el equipo ya no le podía dar más. En dos años exprimió al máximo a un plantel que le dio un tetracampeonato, pero que poco a poco iba perdiendo virtudes y ganando defectos. Y prefirió irse por la ventana que abrir la puerta principal y despedirse como debía, con honores.

“No te molestes con el pozo que está seco, mejor pregúntate por qué sigues insistiendo en sacar agua en donde ya ha quedado claro que no puedes encontrarla”, dice un famoso refrán que se adecua perfectamente a lo que vivió Daniel Garnero y Olimpia, tras dos años de puras glorias locales.

El fútbol es cíclico como la vida también y el ciclo de Garnero ya estaba por vencer, aunque él pudo extenderlo un poco más. Pero seamos claros, no solo el de él, sino de varios futbolistas del plantel millonario que posee Olimpia. Por eso, la responsabilidad casi total, es suya (DT), por no haber detectado y reconocido que habría que renovar.

Querer seguir insistiendo con una fórmula gastada y con jugadores que habían llegado al límite y al techo de sus rendimientos, los defectos se comenzaron a desnudar en todos los campos: táctico, psicológico y obviamente, deportivo. Este último es lo más determinante, ya que muchas veces las “falsas” victorias, tapan lo malo que tiene un equipo. Pero ni siquiera los resultados ya podían ocultar lo que parecía una debacle.

El entrenador argentino quedó cegado por los 4 éxitos locales consecutivos y nunca miró ni de reojo una posible renovación, de jugadores y de planteamientos (un plan B que nuca tuvo). Ya lo dijo en su momento el capitán del equipo, Roque Santa Cruz: “Lo más difícil torneo a torneo, es mantener la ambición”. Con los mismos futbolistas, Olimpia sufrió un relajo natural, acentuado por desgastes de relaciones y también un descenso natural de rendimientos, algo que del ningún jugador puede escapar.

Al negar los notorios errores y una debacle en el rendimiento, que hasta el menos futbolero notaba, Daniel Garnero trató de mentirse a sí mismo y con ello terminó traicionando a todos en Olimpia. Ver, observar y reconocer defectos, son virtudes para evolucionar en una era tan competitiva, pero el DT quiso esconder todo detrás de una cortina transparente.

El 2020 fue el que comenzó a alejar al DT del Franjeado. Antes de la pandemia, algunas victorias intentaban ocultar el descenso de rendimiento, pero ya había síntomas. A la vuelta del fútbol, se vio lo peor de Olimpia en la era Garnero, que había perdido el control del timón y era dominado por la turbulencia, algo que no supo dominar, y que era algo totalmente nuevo para él. Y claro, desde que llegó a Para Uno, solo había disfrutado de momentos exitosos.

Cuando más partidos se jugaban, más notoria era la distancia entre el Olimpia original, que había maravillado con 4 títulos y este, que pierde la cabeza ante cualquier contexto adverso y moralmente se mostró como equipo chico. Además, hay agregarle otros aspectos, como lo físico. Al Decano lo terminaron siempre casi arrollando en los segundos tiempos.

Si bien, la raíz principal está en la NO renovación de plantel e ideas para plantear diferentes contextos que tiene un partido, la crónica oficial de lo que hoy es una muerte anunciada, todo inició en aquel famoso 2-2 ante Sportivo San Lorenzo. Ahí quedó demostrado que moralmente este Olimpia estaba por el piso. De tener para golear y aplastar, terminó pidiendo hora y rescatando incluso un 2-2 sufrido.

La autocrítica siempre fue un valor que le faltó al “Dani”. En algún empate o esporádica derrota, siempre hubo un culpable extra y no por defecto de su equipo. Cerro lo paseó en la Nueva Olla, le graficó que los “enanos” (Cerro venía mal) habían crecido y los competidores directos como el Ciclón y Guaraní se le habían subido incluso un escalón más. Aún así, para el DT de Olimpia, estaba todo bien.

Si bien Guaireña fue la última gota que rompió la piedra, que parecía inquebrable, realmente la humillación ante Delfín fue el que le puso el sello de salida. “No conozco la palabra fracaso”, lanzó tras la eliminación copera, una frase soberbia y con un tinte de hipocresía. Era consciente del papelón, pero no fue capaz de reconocer el “fracaso”, una palabra resaltada minutos antes en la misma conferencia por el propio capitán del equipo.

Poca variante táctica

En menos de un año, Olimpia se volvió un equipo aburrido, predecible y que ha sobrevivido solamente por algunas individualidades como el “Pollo” Recalde, Derlis González, quienes no pueden soportar ni sostener el cúmulo de errores de un entrenador encerrado en una sola idea y que con la desesperación terminó recurriendo a jugadores que nunca los tuvo en mente.

La fórmula de los cuatro defensores, insistiendo siempre por derecha para atacar y exponerse al máximo por izquierda, más los dos mediocampistas insuficientes hace rato, crean un enorme desequilibrio. El equipo se partió en dos y la fórmula de las pelotas largas, con un Roque Santa Cruz al mínimo de su rendimiento, era una tarea muy fácil para los rivales.

A Olimpia le tomaron la mano en su propuesta. Con individualidades bajas, como Ortiz -la principal salida siempre-, Otálvaro y Silva -desconectados y desbordando en un porcentaje bajísimo-, más un Roque imposibilitado físicamente para aguantar todo, la tarea de presionar y obligarlo a perder la pelota, fue un negocio redondo para cualquier equipo que se animaba a faltarle el respeto.

Olimpia es un equipo que necesita tener la pelota todo el tiempo. Es obsesionado con la posesión y sin balón, se le pierde el libreto, es un equipo más del montón y sufre una enormidad defensivamente. La zaga franjeada nunca dio excesivas garantías y eso reflejaba el espejo de la Copa Libertadores, donde al Decano lo liquidaron por errores defensivos en tres temporadas consecutivas. ¿Más señales que eso?

Cerro y Guaraní dejaron expuesto eso. Dominaron el trámite con criterio e idea sólida y el equipo de Garnero corrió sin sentido detrás de la pelota.

El 4-4-2 clásico de Daniel Garnero es marca registrada y memorizada ya por los rivales. Sin las fichas correctas o individualidades bajas, hay que golpear el tablero y adecuarse a los jugadores que sí rinden. Otro de los pocos dibujos que llegó a usar el DT fue el 4-1-3-2, con Domingo como guardaespaldas, pero ante rivales “flojos” y pocos agresivos.

Un necesario baño de realidad

Los dos volantes centrales no fueron suficientes ante equipos de igual ambición, que le sacan la posesión a Olimpia. Richard Ortiz, con un decaimiento físico muy evidente, no basta para cuidar a todos. Nicolás Domingo es el jugador más criterioso que tiene el equipo con pelota, pero sin ella, es uno menos. Tiene poco recorrido, mucha lentitud y siempre llegar tarde a las coberturas. Siempre faltó ahí una pieza, pero nunca se animó a romper su dibujo preferido para completar el rompecabezas con Rodrigo Rojas.

Poco a poco, ese convencimiento de los últimos años se había nublado. ¿Qué le pasó al equipo dominante, con un estilo claro y que controlaba el juego de inicio a fin?, ¿Cómo un equipo tan “desconocido” (Delfín), sin prestigio ni tradición dejó en ridículo a Olimpia?

¿Y ahora?

El Franjeado ni siquiera tiene una columna vertebral y necesita urgente una renovación de jugadores, aire e ideas. Hasta ahora no tiene una zaga central fija, y van 10 meses del 2020. Como había escrito en otro artículo, cuestionar a “Tito” Torres no tiene sentido. No puede dar más de lo que tiene y como lateral izquierdo ha dado incluso más que cualquier otro. Limitaciones defensivas siempre tuvo y era cuestión de tiempo que la desnuden.

Alejandro Silva deberá hacer una lavado de cabeza y justificar su vuelta, porque hasta ahora fue un gasto y no una inversión. Buscar un extremo o volante por izquierda es también una obligación, porque no hay nada más falso que Jorge Recalde ocupando ese lugar. Además, habrá que pedir regularidad y el máximo potencial de Derlis González, que expone demasiado relajo para tamaño potencial.

Ponerlo a Roque en el túnel del tiempo y recuperarlo enteramente en todos los aspectos, será también una gran misión del próximo entrenador El capitán es más de medio equipo y que lo diga Garnero, que su debacle se vino con el descenso de rendimiento y las ausencias de Santa Cruz.

Antes de cerrar este largo y hasta tedioso comentario, no quiero olvidarme de otro defecto de Garnero: “ningunear” a los talentos de la casa. Por obligación puso a chicos como Cardozo, Quintana, López, pero a todos ellos los “borró” ni bien se sacó el reglamento.

El Franjeado está desperdiciando enormes talentos que están con ganas de explotar, como Marcos Gómez, Diego Torres, Diego Duarte, Denis Colmán, Allan Wlk, y muchos otros chicos que piden a gritos al menos un par de minutos.

Los números indican que Daniel Garnero se va solamente con 16 derrotas en 139 partidos y con una efectividad de más del 70 %. Números fabulosos, casi imposibles de igualar, pero Olimpia exige resultados y no hay tiempo ni lugar para encerrarse en caprichos. O corregís o te vas. Y fue lo segundo.

A pesar de todo lo sucedido, quien escribe se considera seguidor del estilo de Daniel Garnero y admirador del fútbol total demostrado en los últimos años. Demostró que con menos también puede hacer mucho y lo hizo con Guaraní y Sol. Los ciclos se cumplen y hay que respetarlos, “profe”.

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