Opinión

Francisco Arce, el arquitecto de lo “imposible”

28 Sep 02:02
Opinión

Francisco Arce, el arquitecto de lo “imposible”

28 Sep 02:02

Por Christian Pérez/ TW: @chrisperezz7

Imposible, un vocablo que el fútbol nuevamente ha desechado de su diccionario, como tantas veces y en esta ocasión dando un cachetazo a los incrédulos -como el que escribe esto- que seguían convencidos que el peso de los nombres y el poderío económico eran determinantes conquistar en este deporte. Pero no. Triunfó la humildad, el trabajo combinado con la pasión y el amor por los colores.

Francisco Javier Arce Rolón, el mejor entrenador paraguayo de la última década, ha dado nuevamente clases, pero no solamente sobre fútbol y táctica, sino esta vez también de liderazgo, asumiendo en más de una ocasión el rol de negociador, motivador y administrador de relaciones humanas, dentro un equipo devastado, burlado y hasta ninguneado, que se había acostumbrado a perder en los últimos dos años.

Hay que ser sinceros, honestos y directos: era imposible que Cerro Porteño sea campeón mirando la cruda realidad cuando inició la pretemporada, allá por los primeros días de enero. Imposible sacarle algo más a un plantel tan golpeado y tiroteado, desde la prensa, hasta por su propia gente (casi todos).

Era imposible pensar en ser campeón, siendo que Cerro, institucionalmente estaba pasando quizás por la peor etapa financiera de las últimas décadas. Demandas, deudas con el plantel, una relación distante entre jugadores y directiva, hacían suponer que el Ciclón tenía un panorama más oscuro incluso que los últimos 24 meses.

Era imposible imaginar este presente. Mientras Olimpia mantenía la base de su mega equipo tetracampeón, reforzando con nombres estelares como Jorge Recalde, Alan Benítez, Adebayor entre otros, en Cerro aparecían refuerzos “humildes” como el de Enzo Giménez, Miguel Martínez, Fredy Vera, por citar algunos y que eran motivos de burlas incluso. Y Enzo puso la cara por esta lista de ninguneados, dejando en claro que el verdadero valor de un futbolista no se mide por lo económico.

Era imposible que un equipo tan destruido por dentro pueda competirle de igual a igual a Libertad, que se trajo a uno de los entrenadores más prestigiosos del continente y a la par, sumando estrellas del continente y de la mismísima millonaria MLS, para cumplir con los caprichos del DT, que era contratado incluso para pelear en la Libertadores.

Era imposible aceptar una realidad como la actual, viendo el penoso inicio de temporada local y el papelón copero ante Barcelona, otro trago amargo absorbido por el sufrido pueblo, que ya estaba acostumbrado a tantos golpes, pero cada caída en el campo internacional, es como que le sacan una vida, pero a la vez es temporal, ya que cuando sana la herida, automáticamente el corazón vuelve a palpitar, incluso más fuerte que antes.

Imposible. Un equipo deprimido al máximo, al que “Chiqui” Arce le trataba de dar golpes de reanimación, pero parecía no haber caso. Los refuerzos eran los peores. Enzo no se adaptaba, la timidez le había ganado y Claudio Aquino, la máxima contratación sobre minutos de adición en el mercado de pases, era fiel reflejo del equipo: no asumía un papel protagónico, parecía no estar preparado para tamaña responsabilidad y la confianza era solamente un recuerdo. En Guaraní lo festejaban, porque habían dejado ir al perfil falso del gran volante argentino.

Antes de la pandemia, Cerro ya quedó a 7 puntos del líder. En 8 fechas ya se había despedido del campeonato. La sinceridad a veces no cae del todo bien y para quien escribe, el Ciclón había repetido errores de los últimos 4 torneos y el Apertura parecía un caso perdido. El equipo jugaba mal, solo se dejaban ver malas de frustración y la relación jugadores-directiva empeoraba.

Se vino la desgracia mundial del coronavirus. Algo horrible que cambió la vida y el fútbol. Y don Francisco Arce hizo magia en la oscuridad, encontró luz donde no había y creó el camino de un callejón que parecía no tener salida.

“Chiqui” fue negociador entre jugadores y directiva para una pelea económica en el que nadie quería ceder.

Siguiendo con lo imposible, el panorama se ponía peor. Se fueron figuras como Sergio Díaz, “Topo” Cáceres y no había forma (no puede fichar) de reforzar. Pero a “Chiqui” Arce lo llamaron a su juego y el destino del fútbol siempre lo unió de manera especial con la cantera del club, de donde él salió. Conoce el sentimiento de los chicos, sabe en qué insistir y es su especialidad potenciar a los que nacen con el ADN cerrista.

Le dio la mano a Alexis Duarte y este chico pidió que lo soltara, ya que tenía calidad de sobra para caminar solo en Primera. Terminó corriendo incluso. Le dio la cinta al chico que aceptó ser capitán con valentía, así como lo hizo desde la escuela de fútbol, defendiendo los colores de toda su vida. Potenció a jugadores “deprimidos” como Arzamendia, “Beto” Espínola, ambos, criticadísimos por todos y de a poco fue preparando a los futuros dueños del equipo, como Alan Rodríguez, Wilder Viera, Fernando Ovelar, Junior Noguera, entre otros.

Incluso le dio vida a un “chico grande”, como Ronaldo Martínez, que con 24 años volvió a debutar y también firmó una parte del título.

Agregó un nuevo oficio en su carrera, la de psicólogo y motivador. Convenció no solo de quedarse al “Pachi” Carrizo, quien ya tenía preparada las valijas, sino logró que el “7” asumiera un rol secundario y mucho más colectivo en el nuevo Cerro. Hizo creer a Enzo Giménez que su potencial no tenía techo y le hizo entender a Claudio Aquino que era él el hombre en el que todos confiaban como la nuestra estrella ofensiva.

La forma de proponer no se negoció nunca, al igual que las ganas en cada partido. La exigencia física siempre fue al límite y si la táctica fallaba, Arce obligó a ganar los partidos con el corazón.

Fui de los que siempre dijo que Francisco Arce era el técnico ideal para “refundar” futbolísticamente Cerro. Nadie más que él, pero así también, dije convencido que el Ciclón estaría entre el tercer y cuarto lugar, por detrás de Olimpia, Libertad y quizás incluso Guaraní. Creía que el proceso tomaría tiempo y en Barrio Obrero recién podrían ilusionarse en el segundo o tercer torneo con “Chiqui”.

Los procesos y los proyectos no funcionan normalmente a corto plazo. El mejor DT del fútbol paraguayo acaba de eliminar esa teoría con alguna fórmula mágica y ha cimentado una gran base para devolver el sueño y la alegría perdida en la Capital del Sentimiento.

Cerro le ganó a todos los equipos de Primera División de manera corrida, marcando récord y remontando 13 puntos al que era líder antes del parate: Libertad.

Francisco Javier Arce, el arquitecto de lo imposible. 

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