Opinión

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Foto: Fernando Riveros. | 27 Sep 20:15
Foto: Fernando Riveros.
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27 Sep 20:15

Por Mike Silvero – @mikeotr

Todos los procesos que ocurren en nuestro mundo conocido siempre aumentan hacia el desorden, lo que se conoce en física como entropía. Transformar todo hacia el orden, es más raro de lo que imaginamos y casi siempre tiene que ver con la búsqueda de los seres vivos de; extraer energía alrededor, eliminar obstáculos y mantener un equilibrio dentro del caos.

El 2020 es uno de esos años que quedarán marcados en la historia como un evento ineludible para los que lo están viviendo y superando, mientras que para quienes vengan después será una simple anécdota, como de esas historias que nos aburren contando padres y abuelos, porque tendemos a creer que nuestra vida es mucho más interesante que las anteriores, que el presente dicta lo importante.

El Cerro Porteño 2020 tuvo varias vidas, desde la emoción y expectativa de inicio de año hasta el golpazo internacional, las caídas consecutivas a nivel local y la maldita pandemia que obligó a una reestructuración que lastimó a todo lo que es una institución; con categorías liberadas y vaya uno a saber cuántos sueños truncados, con suspensiones de trabajo de decenas de empleados, y con la incertidumbre de cómo sería el futuro.

Esto pasó solo hace meses, y aún sigue pasando.

Unión representa etimológicamente ‘uno’. Es decir, ponerse de acuerdo y que existan voluntades iguales. Pero más importante que la palabra, es que existan objetivos comunes y esfuerzo mutuo. Esto no es sencillo, para que se logre esa homogeneidad, alguien tendrá que ceder, no todas las partes en un conjunto de personas -así como en el universo mismo- apuntan para un mismo lugar.

Allí es donde los líderes buscan agrupar toda la energía posible, sacarse de encima todo lo que no contribuya y luego mantener el equilibrio.

Eso pasó en Cerro.

La intrahistoria marca que en el peor momento; con la prensa desayunando, almorzando y cenando con los problemas financieros de un club que se preparó con otras intenciones, con jugadores molestos, con una dirigencia en constante cambio, había que encontrar un orden.

Eso pasó en Cerro.

El equipo que logró el campeonato 33 quedará en el recuerdo de todos los que sufrimos y disfrutamos con esta camiseta; por la seguridad de Muñoz, por el carácter de Patiño, por la revelación de Duarte, por la resiliencia de Beto, por el empuje de Arza. Por la calidad de ‘Pika’, por la capitanía y el sueño cumplido de Villasanti, por la magia del Pachi, por la velocidad y atrevimiento de Enzo. Por la categoría de Aquino, por la mentalidad ganadora de Churín.

También por como los que no jugaron se mantuvieron siempre enfocados, el Covid no generó mayores inconvenientes, lo que demuestra el compromiso de los ausentes, entre ellos jugadores de talla internacional como Amorebieta, seleccionados como Marcos Cáceres, o leyendas del club como Dos Santos.

Nota aparte para Óscar ‘Kure’i’ Ruiz por destacarse siempre que fue llamado, y para los más chicos; Josué, Ronaldo, Delvalle, Viera, Rodríguez, los que aparecieron cuando se los llamó y aguardaron cuando hubo que hacerlo.

Nota aún más aparte para ese señor llamado Nelson Haedo Valdez, que sin nada que demostrarle a nadie se rompió el alma entrenando para poder volver a tener al menos algunos minutos y poder levantar la Copa como correspondía.

Un equipo que casi no tuvo lesiones, lo que demuestra aún más concentración y gran trabajo de preparación física. Que mostró entendimiento en el campo de juego y fuera de él. Que encontró en el Chiqui a un redentor ferviente creyente del trabajo como la única herramienta para vencer a los viejos demonios.

‘Chiqui’ es uno de los tres pilares que sostuvieron a este equipo campeón, y estas líneas simplemente son para reforzar eso que es sabido y que quien lo niegue, niega la realidad: Arce es el mejor técnico del fútbol paraguayo, ya hace varios años.

El acuerdo y el equilibrio en Cerro llegó con otros dos pilares, el dirigencial y el financiero.

Este último con una quita importante, con una reducción salarial para muchos, con la despedida y muchas gracias para otros. Y el dirigencial desde un lugar distinto al habitual, como encargado del Departamento de Fútbol, Ariel Martinez construyó la base de apoyo para el cuerpo técnico y el nexo con los Zapag desde el trabajo silencioso, la mesurada exposición pública y la constante presencia en esos meses ‘malos’.

El campeonato de Cerro es indiscutible, es de esos sobre los cuales el cerrista va a estar orgulloso por siempre y con razón. En menos de 3 meses, les ganó a todos, sí a todos los rivales de Primera División, no conoció derrota y no tuvo un solo partido desde el reinicio del torneo donde no haya merecido ganar. Goleó, remontó, sufrió y también se lució. Todo en 13 partidos inolvidables, cada uno por sus características.

El equipo enfocado con Arce a la cabeza, las finanzas prudentes de los Zapag, y el sostén dirigencial de Martínez y Enrique Berni, constituyen la unión que hoy le permite al país entero celebrar en medio de tanta mala en un año complicado pero aleccionador.

Es fútbol, es cierto, pero también es la muestra de cómo realmente la unión hace la fuerza.

El ejemplo de este Cerro se puede trasladar a la política, a los gremios, a las empresas, a las familias, a las personas que pueden ver cómo es necesario encontrar ese equilibrio que nos permita evitar el desorden y la entropía natural.

Desde afuera, nadie que mire atrás a marzo, podría imaginarse este escenario en septiembre, y esa es la propiedad fundamental del tiempo, que solo nos permite hacer observaciones sobre los cambios a posterior, porque hacerlo antes asegurando sería futurología. “El tiempo nos hace prisioneros del presente, por siempre transitando entre nuestro pasado conocido y el desconocido futuro”, dice el astrofísico Neil Degrasse Tyson, que de fútbol sabrá poco, pero de leyes del universo mucho.

A veces la ansiedad del presente nos encierra en un lugar de desconfianza que nos impide avanzar, por eso es tan importante la unión, porque logra un enfoque a futuro, no como algo a lo que indefectiblemente haya que llegar, pero sí con metas por alcanzar y con un método para hacerlo.

El múltiple campeón del mundo de Fórmula 1, Sebastian Vettel le dijo a su equipo en Red Bull en 2013 luego de ganar otra temporada: “Tenemos que recordar estos días porque no hay garantía de que van a durar para siempre. Disfrutenlos mientras duren”.

Hoy es el momento de disfrutar, porque no sabemos qué nos depara el mañana.

Olvídense de Cerro, piensen en la familia, en el trabajo.

Por eso hoy hay que brindar.

Por el recuerdo de los que ya no están.

Por eso hay que celebrar, porque estamos hoy.

Los hijos y los padres, los tíos y las madres. Los abuelos y las abuelas, los vecinos y los amigos.

Los patios de fiesta, la calle teñida de los colores que nos apasionan, la Olla, la vida.

En medio de este año tan pesado, gracias Cerro por esta alegría.

Gracias por alegrar nuestros días.

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