Opinión

El VAR ridiculiza demasiado al arbitraje paraguayo

4 Ago 10:00
Opinión

El VAR ridiculiza demasiado al arbitraje paraguayo

4 Ago 10:00

Por Christian Pérez/ @chrisperezz7

Volvió el fútbol y los errores arbitrales nuestros de cada día. ¿Era lo que tanto esperábamos? Bueno, creíamos discutir una a dos jugadas cada tanto, pero tampoco para el abuso. Papelones fecha a fecha y la Dirección de Árbitros busca justificar con argumentos ridículos.

Para Horacio Elizondo todo está bien y bueno, debe defender lo suyo, pero tampoco crea que somos demasiados tontos. Hasta ahí nomás, “profe”. Lo escuchamos siempre, pero no nos tragamos lo que dice, porque hasta se inventa reglas nuevas, como en la famosa invasión del penal de Olimpia.

Solo pasaron tres fechas desde que volvió el fútbol, pero hace una eternidad que comenzaron las quejas y los problemas arbitrales. Que los clubes peguen el grito al cielo y solo vean los errores en contra, tapando con el codo los favores, es normal y lógico. Nadie patea contra su olla, dicen por ahí.

Ahora, tratando de mirar con los ojos más objetivos posibles – la subjetividad siempre estará ahí -, es demasiado evidente que los árbitros están confundidos y en muchos casos, hasta perdidos. Los errores son demasiados groseros y basta de argumentos patéticos buscando justificar el papelón de cada semana. Basta y sobra con decir: “Nos equivocamos en esto y habrá que insistir en aquello”. Reconocer, aceptar y aprender forma parte del proceso.

Pero Elizondo solo sale a justificar lo injustificable. Todo comenzó con el famoso “finísimo”, después ya fueron inventándose nuevos vocabularios para argumentar todo.

No nos olvidamos de la patada de Adrián Martínez al “Pollo” Recalde. Según la Dirección de Árbitros fue una patada con “intensidad media alta” y fue solo un roce.

Eso solo por nombrar una jugada recordada antes del parate. Desde que retornó el fútbol, la vara subió al último piso. “Hay que dejar jugar más, no cobrar cualquier roce”. Perfecto, ¿cómo es la cosa ahora?, ¿tiene que haber alguna fractura, tiene que haber sangre? El torneo apunta a ser una carnicería con las nuevas licencias arbitrales.

“Trata de recoger la pierna y aminora el impacto”, dijo Elizondo por el planchazo de Richard Ortiz a Orlando Gaona Lugo. Ni él se creyó. Quería defender a los suyos y cómo el VAR deja aún más en ridículo las decisiones arbitrales.

“No veo contacto pleno en el rostro”, afirma Derlis López, tras ver cómo Churín casi le saca la mandíbula a Otazú y de milagro no le rompe el pómulo. No hubo intención, claro, pero la imprudencia y el contacto es evidente. ¿Cómo justificar eso?

Para cerrar esto con solo tres ejemplos, hablemos de la jugada de Sergio Otálvaro. Patadón. Dejó tatuado hasta la imagen  del felino, marca que auspicia al colombiano, en la pierna derecha de Pedro Delvalle.

“Pie con pie” y hubo un impacto con “intensidad media”. Ah bueno. Ahora tienen medidor de patadas y planchazos. No hay manera de justificar esa patada criminal.

Pero, ¿qué es lo peor? Que la tecnología solo sirve para dejar en ridículo a los jueces. Los árbitros del VAR no tienen capacidad de decisión. Son tan inseguros, que hasta para un córner (no es revisable, obvio) quieren llamar a los que están en cancha.

Los que están en cabina no aportan mucho, solo dudas y tirarle toda la responsabilidad al juez principal, que en la mayoría de las ocasiones, se deja guiar por las tibias recomendaciones del árbitro VAR y su asistente.

La tecnología le sacó seguridad a los árbitros. Cierto, ayuda a corregir algunos errores, pero deja al desnudo la incapacidad de los encargados de la justicia. Desde la implementación del VAR, los jueces asistentes se equivocan mucho más que antes. Levantan la bandera cuando no deben y dejar jugar cuando tienen que anularlo. Y claro, no importa, si total tienen cómo corregir.

Se viene una segunda rueda infernal, con varios equipos obsesionados por campeonar y con solo un par de árbitros que pueden garantizar más o menos un buen partido. A Elizondo le toca el rol de DT, tendrá que cambiar de esquema, reconocer errores, retocar hombres y mejorar a muchos, desde lo técnico hasta lo psicológico.

 

 

 

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