Opinión

Diganle al ‘Pachi’

Foto: Club Cerro Porteño | 3 Ago 23:48
Foto: Club Cerro Porteño
Opinión

Diganle al ‘Pachi’

3 Ago 23:48

Por Mike Silvero – @mikeotr (Columnista invitado)

Mi viejo no fue nunca socio de Cerro Porteño, fue y sigue siendo solo hincha. En la entonces no tan accesible Villa Elisa, cada 15 días el viernes por la noche tenía un ritual. Como Maestro Mayor de Obra, su función también era la de pagarle a los albañiles el sábado, así que cada dos semanas después de cenar, se despejaba la mesa de fórmica de un color marrón vomitivo y con una goma negra que siempre estaba fallando en su función de proteger los bordes.

En ese momento me pedía colaboración para contar billetes y asignarlos a sus respectivos propietarios, acorde a la cantidad de días trabajados, anotados con rigurosa pulcritud pero con mucho olor a portland en un cuaderno de 50 hojas de una raya.

Papá me pedía que aparte un monto determinado, que en las primeras ocasiones generó la sorpresa deseada; era la plata para ir a la cancha, La Olla Monumental y a veces el Defensores. Papá me pedía que maneje la guita -me reveló mucho después- para que ese papel moneda no me genere susto ni asombro, y así según él se evitaba ser “plata pota”.

Hasta febrero de 1997 yo solo conocía esos dos templos en Asunción, pero un viaje de unos familiares a la entonces acogedora San Bernardino terminó con un mita’i de vacaciones en Rosario y eso cambiaría. En la maravillosa ciudad que nos supo dar humor, música e ideales de libertad en Olmedo, Fontanarrosa, Fito, Ernesto y otros tantos, descubrí que el helado también venía en potes y no solo en formato ‘picolé’, que el teléfono no solo era para malas noticias ni uso de los vecinos y que se podía llamar para que alguien traiga una pizza hasta la casa, y más importante que en la computadora había una maravilla llamada PC Fútbol.

Un húmedo sábado por la noche recuerdo haber descubierto el uso de un cinturón de seguridad en el asiento trasero, el paso por una estructura única a la que le decían circunvalación y una caravana interminable de gente cantando y alentando a un equipo auriazul sin que el partido siquiera se dispute aún. Andrés Calamaro dice en su oda al Estadio Azteca “me aplastó ver al gigante”, y no hay mejor forma de explicar ese recuerdo imborrable en mi memoria. 5 a 0 a Racing en el Gigante de Arroyito, fiesta en todas partes y lo único que daba vueltas en mi cabeza era “qué gusto debe dar jugar acá”.

Iluso es quien se ilusiona con suma facilidad, dejando incluso de lado la realidad o todos los aspectos que contribuyen a un todo, probablemente sea la mejor forma de describir a mi manera de pensar a los 10 años, aunque habrá quien quiera decir que a esa edad todavía uno es “inocente”.

Jugar al fútbol al más alto nivel no es solo el deporte, pasa porque se convierte en una profesión; ingresos de los que dependen familias, sueños que no se cumplen todas las veces, pero fuera de lo estrictamente futbolístico, jugar al fútbol a nivel profesional pasa también por representar dignamente los colores y defender el escudo de una institución que en contados casos se refleja en valores que traspasan a su dirigencia, a los propios deportistas, y permanece en su componente más preciado; la gente.

Es probable que así como en Arroyito, dé gusto jugar en Barrio Obrero, pero de ninguna manera es fácil. Muy por el contrario, la pasión se convierte muy fácilmente en presión, y la responsabilidad pasa a ser considerada obligación, en un círculo de voces que casi siempre repiten el mismo discurso casi que con tono desafiante, “hay que ganar eh”.

Casi un año atrás, La Nueva Olla repleta se cargó de ilusión después de que el jugador más talentoso del equipo local, un cordobés con camiseta 7 en la espalda viera correr a Ruiz entrando al área por el sector derecho para ponerle un centro que terminó con ‘palomita’, festejo y clasificación a Cuartos de Final de Copa. Ayer, de similar posición, otra vez esa prodigiosa pierna derecha identificó la posibilidad y ahora hizo festejar a Enzo Giménez y a millones de hinchas en todo el país, siendo solo contados privilegiados los que pueden estar en ese templo azulgrana en Asunción.

Más tarde una habilitación casi a ciegas de zurda, y un centro después de ganar en velocidad con suma facilidad, más por capacidad propia que por impericia del defensor, terminaron en dos festejos más. Federico Carrizo fue la figura del partido sin discusión posible, incluso sin haber marcado, porque el palo se lo impidió en dos ocasiones, mostró atributos al margen de la sobrada calidad que tiene. Ir a pelear una pelota casi en la zona de córner para generar juego por solo citar un ejemplo de un tipo al que parecía disgustarle la cantidad de indicaciones que el técnico Francisco Arce le daba en los primeros partidos con el entrenador.

De habitual primer cambio afuera a eje central del ataque de Cerro, Carrizo quizás no sepa o todavía no se percata de ciertas cosas, así que si pueden y se lo encuentran en alguna red social o cuando se pueda, diganle al ‘Pachi’ que;

Es por lejos el mejor jugador de Cerro y lo sabemos los hinchas, lo sabe el periodismo y lo saben sus compañeros. En cualquier canchita siempre se busca al más talentoso para dársela, ese es Carrizo en Cerro.
En lo individual no tiene forma de ser contenido o limitado, pero que en equipo es aún más lo que logra, al conectarse y al hacer jugar a los demás. En cualquier canchita, que el más talentoso te la devuelva te genera un impulso de confianza único.

Él sabe lo que es festejar; en Central, en Boca, en Cruz Azul, siendo parte de planteles importantes, pero que en Cerro tiene la oportunidad de ser la figura capital del equipo, de pasar de la categoría de admirado a idolatrado. De que el amor sea eterno.

Cuando todo esto pase y nos podamos volver a abrazar, quisiera poder festejar con mi viejo más goles no por videollamada, encarar un viaje de 1000 kilómetros hasta la ciudad más poblada de la provincia de Santa Fe y agradecerle las enseñanzas, quisiera mezclarme con esos fanáticos de azul y amarillo a orillas del Paraná, e intercambiar historias sobre cómo el 7 de mi equipo apenas debutó allí ganó los 5 clásicos que jugó, de cómo bailaba rivales y levantó una Copa después de dos décadas, y que tengan tiempo de escuchar todas las buenas que les pueda contar sobre el ‘Pachi’.

‘Pachi’ vino a Cerro y dejó Rosario en un momento complejo, reconoció que se sentía quemado y que en Paraguay volvió a ser el jugador que siempre fue. Ayer después de un recital presenciado in situ por pocos, dijo sobre no marcar “para mí eso es secundario, lo importante es que el equipo ganó”, y con eso nos ilusionó.

Y sí, porque ya dijeron los que saben que eso es la realidad, una ilusión muy persistente.

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