Opinión

Nunca dejar de creer

Foto: Jorge Jara. | 27 Jul 10:25
Foto: Jorge Jara.
Opinión

Nunca dejar de creer

27 Jul 10:25

Por Mike Silvero – @mikeotr (Columnista invitado)

Mis abuelos tenían dos cosas en común, la primera era la capacidad de dar consejos con frases muy cortas o bien direccionadas. El viejo Carlos, recostado con su silla cable mirando como el tráfico se cargaba en lo que conocíamos simplemente como ‘Eusebio Ayala’, decía que si alguna vez estaba en problemas la salida era decir que mi abuelo era comisario. Él no lo era, manejó un colectivo gran parte de su vida. Porfirio en tanto, que tampoco tuvo nada que ver con las fuerzas del orden, en la distante Iturbe tenía una recomendación: “Nde che ra’y siempre reimo’ã ara, ndaikatúi la ‘ndaimo’ai’ ere”.

La construcción de la frase puede generar mucha discusión en el plano lingüístico y con justa razón. La dosis de español también genera polémica, pero en líneas generales desde lo que él quería transmitir era que uno no puede decir “no pensé que esto podía pasar”, o sea que hay que vivir con la sospecha de que todo puede suceder. Hay quienes pueden tomar esto como un llamado a estar en permanente estado de alerta, pero yo traté a lo largo de los años de interpretar la indicación de un modo más esperanzador. “Uno siempre tiene que creer”. Claro, que puede creer que algo bueno va a pasar, como que tampoco puede ser sorprendido si pasa algo malo.

Antes del retorno a los Jardines del Kelito el año pasado, Cerro no había pisado la cancha de River Plate en 25 años. El hoy técnico del Ciclón -el mejor entrenador paraguayo hace al menos una década-, Francisco ‘Chiqui’ Arce, era el 2 de ese equipo que tenía en el arco a Danilo, completaban la defensa Villamayor, Gamarra y Alcaraz, el mediocampo con Enciso, el gran Bobby Espínola, ‘Palomo’ Sandoval y el ‘Tiburón’ Torres. Arriba ‘Matador’ Nuñez y Virgilio Ferreira. 4 a 1 y a otra cosa en 1994, un año que sería de festejo al final de la temporada tras haber ganado la primera fase y luego la finalísima, un torneo con 20 equipos, una rareza hoy día para nuestro fútbol.

Enzo Giménez ni había nacido aún. Es categoría 98. Corrían 19 minutos de partido cuando Patiño en ataque se animó a cambiar de frente, para que Aquino cruce de cabeza el balón, “largo” decía un relator de radio al que no escuchó Enzo. Ante la persecución de su marcador y la sorpresa del arquero, Giménez metió el pie, con técnica e intención. Gol de quien se define a sí mismo como un soñador.

Del VAR ni hablemos. Vamos al segundo tiempo, y apenas en el arranque fue Carrizo el que creyó. Un remate desviado de Arzamendia termina siendo una gran habilitación. Centro del ‘Pachi’ y gol de -otra vez en ataque- Patiño, para seguir creyendo, para que nosotros sigamos creyendo en ellos, los que vemos en el esfuerzo una señal de progreso, en la concentración un objetivo único, en el trabajo constante una posibilidad. Falta mucho y el campeonato está abierto, pero más importante es que Cerro crece pero sobre todo cree.

¿Maa piko oimo’ata?

Por cierto, lo otro que tenían en común mis abuelos era este amor inexplicable a la camiseta azulgrana que se traslada de generación en generación, con cada vez más pasión.

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