Opinión

Volvió el fútbol, ojalá nunca se hubiera ido

Foto: Fernando Riveros. | 22 Jul 11:05
Foto: Fernando Riveros.
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Volvió el fútbol, ojalá nunca se hubiera ido

22 Jul 11:05

Por Mike Silvero/ Tw: @mikeotr

Apenas van unos minutos de juego en La Nueva Olla​, en el retorno del fútbol paraguayo a las canchas,​ cuando una pelota de ataque liberteño le queda servida a Alexis Duarte para pararla o despejar. No pasa ninguna de las dos cosas. De hecho, el balón se le escurre debajo de los tapones. Atrás, sin atacantes del visitante, Cerro recupera la pelota y la situación probablemente generada por los nervios y la imprecisión característica de tanto tiempo sin partidos oficiales, quedará siendo una anécdota.

En las preferencias hay dirigentes y un puñado de periodistas deportivos, distanciados como recomienda el protocolo de salud en pandemia de Covid-19. En las plateas hay cientos de hinchas, pero de pvc. El club Cerro Porteño habilitó la posibilidad de que socios y no socios puedan marcar presencia, al menos de ese modo, con una foto impresa a tamaño real.

En casa, me toca a ver el partido frente a la tele, con toda la familia, aunque cada uno en su respectiva área de interés en pequeñas pantallas. Y van 10 minutos, ‘Tito’ Villalba es lo más peligroso de Libertad por la zona derecha de ataque, pero resulta más preocupado en buscar el lujo personal antes que generar conexiones con sus compañeros. Del otro lado de la cancha, es Enzo Giménez también la apuesta de ‘Chiqui’ Arce para que Cerro genere peligro en ataque. Jugó con la soltura de quien es opción para sus volantes y con la seguridad de que a sus espaldas tiene un compañero para las coberturas en los retornos defensivos, Espínola.

El tapabocas impide ese ejercicio en el que son expertos los relatores y comentaristas de leer los labios de técnicos y asistentes, pero sin hinchada, sin bombos, sin fiesta, los micrófonos captan mucho más a lo que estamos acostumbrados. “¿¡Pero qué pasa!?”, reclama Ramón Díaz a sus dirigidos, superados por la intensidad de un Cerro Porteño obstinado en salir rápido a atacar y meter una molesta presión alta que no le permite a los visitantes tener la claridad y el control de la pelota que acostumbran con un siempre exuberante Mejía y un Milesi, supuestamente muy talentoso.

Van 15 minutos y los reclamos en formato de “kóre”, o simplemente extender un no en tono y volumen, se hacen más frecuentes. Y en ese momento pienso en la cancha, y en la sinceridad de este Cerro en pedirle a la gente unos días antes apoyo y por sobre todo paciencia.

Entre uno de los ‘hinchas de cartón’, ​está el Dr. Hugo Diez Pérez, el primer fallecido en Paraguay a causa del Covid-19. Y por un momento la imaginación me permite creer que esa jugada intrascendente de Duarte en los primeros minutos tendría un murmullo generalizado, o alguna queja directa, y que allí estaría una voz de la razón como la de un hombre que se destacó por su profesión y por ser un fiel seguidor de Cerro Porteño: “acá se viene a alentar”.

A los 23 minutos festeja un país, Aquino hace dos cosas bien; primero define de primera una pelota que queda suelta después de una buena conexión entre Giménez y Espínola, más la colaboración de Viera. Y segundo, grita el gol como lo gritamos todos, como hacía tanto tiempo queríamos gritar un gol.

Foto: Fernando Riveros.

Las cámaras vuelven a mostrar a los ‘hinchas estáticos’ en plateas, y la imagen siempre transmite lo mismo, la esperanza de quien va a la cancha a la espera de que esa noche Cerro te genere alegría y principalmente identidad. Lo que todos queremos siempre es ganar, pero lo que es innegociable es amar la camiseta. Jugar bien, o jugar mal, es parte de una serie de elementos; la presión, el rival, los momentos físicos, los niveles de compañerismo, y otros factores que los técnicos exponen siempre que explican largo y cuando generalmente no les prestamos atención. Pero jugar “por la camiseta” es distinto, es cumplir un sueño, es sentir que estar dentro del campo de juego es un privilegio y que hay que pelear cada pelota cómo si fuera la última posibilidad de hacerlo vestido con los colores del Ciclón.

Van 35 minutos y el relato indica que Duarte “rechaza” una pelota, pero con tan buena dirección que va entre dos hombres del rival, para que Diego Churín saque ventaja y ante la indecisión del arquero de salir o no, defina y sea el 2 a 0. Atragantado un rato por el VAR y los fantasmas de su uso en La Nueva Olla.

Los inéditos centrales de Cerro; Delvalle y Duarte, suman 39 años, el doctor Diez Pérez pasó más años entre quirófanos, consultorios y siguiendo a Cerro por todo el país, que la cantidad de años de vida que tienen juntos. En 40 años, es muy difícil recordar una zaga central azulgrana con chicos tan jóvenes, pero es el inicio de un proceso, es una apuesta a renovar Cerro con nuestras propias raíces, es el futuro en desarrollo ante nuestros ojos.

El segundo tiempo muestra lo que parece lógico, un rival que acomoda piezas y un local que siente el propio desgaste de la intensidad que propone, y que será un factor clave en una competencia de fechas muy ajustadas y con un plantel corto.

Pero eso ahora es lo de menos, Antonio ‘Demonio’ Bareiro entra solo para confirmar que LNO le sienta bien, y reconfirmar que fue un error no contratar al caazapeño allá por 2013 para que sea el sustituto del bien recordado ‘Chiche’ Corujo. El partido siguió y generó los sustos habituales de un equipo contrario con posiblemente el mejor grupo de futbolistas del Paraguay, Delvalle tuvo un curso rápido de cómo marcar, sufrir y padecer a un número 9 de talla mundial como ‘Tacuara’ Cardozo y al final, después de alguna duda, Muñoz en el arco fue clave para consolidar la victoria azulgrana.

Transcurridos 51 minutos de juego en el segundo tiempo, Carlos Benítez, el árbitro con más ‘facha’ de actor de novela mexicana en el fútbol profesional, decide pitar el final. Y solo queda espacio para imaginar las canciones de festejo, y en este caso muy particular elegir en la ‘rockola’ de la barra ‘De Cerro soy’, porque “ni la muerte nos va a separar, y desde el cielo te voy a alentar”.

Una alegría, en un año plagado de tristezas.

Volvió el fútbol, y así como el Dr. Pérez y otras tantas víctimas de la pandemia que nos toca vivir, ojalá no se hubiera ido nunca.

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