Fútbol Paraguayo

Las tres promesas que la van a “romper”, según Bareiro

19 Abr 19:50
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Las tres promesas que la van a “romper”, según Bareiro

19 Abr 19:50

Antonio Bareiro aprovechó el momento para hablar de todo con VERSUS. Además de contar su historia de vida, anécdotas, también se animó a elegir a los tres juveniles que según él, van a dar de qué hablar.

El “Demonio” habló de las promesas que más le sorprendieron hasta ahora al menos. Para él, si no se desvían en cuestiones extrafutbolísticas, tienen un futuro gigante. Jugó con él, también en contra suya en los entrenamientos y cree que Iván Franco tiene todo para brillar y lucirse como uno de los mejores futbolistas de la nueva generación.

“Ivan Franco es impresionante. No sabés qué va a hacer cuando tiene la pelota. Es rapidísimo y la pelota se le pega. Muchas veces en los entrenamientos, algunos le dicen que no joda con sus jueguitos porque le van a ‘atender’. Tiene un futuro enorme”, asegura Bareiro sobre su compañero.

Otro futbolista que le sorprendió gratamente en el último torneo por sobre todo, es la joya de Olimpia, Erik López. “Ese es muy bueno. Tiene mucha facilidad para definir y juega muy tranquilo”, afirma.

Y el tercer elegido es otro compañero suyo: el chico Julio Enciso, de apenas 16 años y quien ya debutó el año pasado. Es tenido en cuenta por Ramón Díaz para el plantel principal y cree que el pequeño volante es distinto al resto y de no desviarse, será una gran figura de aquí a unos años.

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Una anécdota de colección: ¡Compró un auto que había sido alquilado!

Antonio Bareiro. Foto: Néstor Soto. | 19 Abr 18:30
Antonio Bareiro. Foto: Néstor Soto.
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Una anécdota de colección: ¡Compró un auto que había sido alquilado!

19 Abr 18:30

En chala exclusiva con VERSUS, Antonio Bareiro reveló una anécdota de colección, imposible de creer si el propio protagonista no cuenta. El “Demonio” nunca fue bueno para elegir autos y en sus primeras inversiones, salió muy mal “herido”.

Cuando estaba en General Díaz, allá por el 2012, el “Demonio” estaba obsesionado con tener su primer auto. Ya era un jugador de Primera y quería dejar de andar en buses. “Viste que como todo jugador a esa edad sos vyro (tonto). Yo quería a toda costa para mi auto. Mi papá me envió una parte del dinero y yo completé el resto. Me compré mi primer auto”, exclama recordando como si fuera ayer, en charla exclusiva con VERSUS.

Pero lo que no se esperaba era lo que se venía. En simples palabras, le estafaron enorme. “¿Sabés qué pasó? Viste como te dije, a esa edad uno lo único que quiere es tener su auto. Yo no pedí documentos al instante, no sabía cuáles necesitaba y el que me vendió me dijo que me iba a acercar apenas podía. Recuerdo que en una barrera me atajaron y yo no tenía nada, pero nada. Le llamé al vendedor, vino él y mostró los documentos. Hasta ahí, todo bien”, sigue relatando, quien ahora es una de las estrellas de Libertad.

Eso era recién el inicio, ya que luego esperaba lo peor: “Luego de un buen tiempo me llaman y me dicen que tenía que devolver el auto lo antes posible. Había sido era un auto alquilado el que me vendieron. Atendé cómo me jodieron. ¡Me vendieron un auto alquilado! En serio, fue una pesadilla”, recuerda ahora entre risas, pero en ese entonces con rabia y lágrimas.

Bareiro cuenta que perdió esa plata y nunca más supo del victimario. “Mi papá nunca supo, seguramente ahora si sale esto y le cuenten, va a enterarse”, revela con una carcajada.  Pero no fue la primera vez que le salió mal el negocio de comprar vehículos. La segunda vez volvió a comprar un “golcito”, pero cuando llovía “había más agua adentro que afuera. Che ryeraku (tengo mala suerte)”, exclama.

Pero no hay dos sin tres, dice una frase. Y fue así. Luego se compró un auto de la marca Mercedes, pagando un monto alto para ese entonces, pero volvió a lamentarse. “Tres semanas después se fundió su caja. Te digo qué mala suerte tuve para los autos”, concluye diciendo el “Demonio” recordando viejas anécdotas.

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Insistir, persistir y nunca desistir: La gran historia de Antonio Bareiro

Foto: Grupo Nación. | 19 Abr 16:03
Foto: Grupo Nación.
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Insistir, persistir y nunca desistir: La gran historia de Antonio Bareiro

19 Abr 16:03

Por Christian Pérez/TW: @chrisperezz7

“Che rova’atã (soy caradura) legalmente”, es la frase que expresa cada tanto y la que define perfectamente su forma de ser, tanto en la vida, como en su desempeño dentro del campo de juego. Antonio Bareiro, un hombre no muy amigable con la exposición, ni los medios de prensa, se animó como muy pocas veces y reveló cosas inimaginables, en una charla imperdible con VERSUS.

Con un relajante mate, tras cumplir con la rutina física exigida por Libertad y el heredero (Mateo) a lado, custodiando todo, el “Demonio” se atrevió a revolver muchas cosas del pasado.

Animarse a salir de uno de los departamentos menos desarrollados del país como Caazapá, en busca de un sueño muy, pero muy lejano y superar complejos sobre pequeño porte físico, lo hacen un ejemplo a seguir para los que quiere pelear y siguen luchando por ser futbolista. Él reitera cada tanto que ser “caradura” tiene su recompensa y aboga el lema de “insistir, persistir y nunca desistir”.

Antes de comentar sobre su biografía íntima, pone en pausa la conversación deportiva y se pregunta cómo puede hacer para ayudar a personas necesitadas en el día de su cumpleaños. Bueno para poner en contexto. El próximo 24 de abril celebra 31 años, pero a diferencia de cualquier festejo “común”, Antonio Bareiro acostumbra de un tiempo a esta parte a autoregalarse algo invaluable: la solidaridad.

Normalmente hacía un gran almuerzo para compartir con vecinos y ayudar a la gente más humilde económicamente. Este año la cuarentena le puede crear problemas, pero de igual manera está pensando cómo hacer llegar víveres a las zonas más necesitadas de su lejano Caazapá. “Amoguahẽva’era oimehaicha (voy a hacer llegar como sea)”, exclama pensativo y luego se mete de lleno a la charla a la que le invitamos.

Infancia en Caazapá

Su infancia no tuvo abundancia en lo material, pero asegura que nunca le faltó amor con sus padres y sus hermanos. Su perfil laborioso dentro de la cancha no es coincidencia. Desde chico memorizó el vocablo: trabajo. Pelear día a día para conseguir logros a base de esfuerzo y sudor.

“Sinceramente no tengo vergüenza de nada. Orgulloso estaré siempre de toda mi infancia. Siempre trabajé. Desde los 7 años más o menos yo ya vendía empanada y chipa con mi hermano- También tocaba la campana en la iglesia y me pagaban. Salía a recorrer en la ciudad y vendía a G. 500 la empanada cuando eso. Recuerdo bien que mi mamá nos amenazaba, porque después de vender todo, queríamos ir a jugar billar (pool). Igual nos íbamos, pero luego ligábamos con todo”, recuerda sus épocas de inocencia mezclaba con su rebeldía característica.

También trabajó como asistente albañil con su padre, que hasta hace poco se dedicaba a eso. A la par ya se destacaba en su club y en las selecciones de Caazapá.

“Por pesado y caradura”

Su llegada a la capital no fue de la manera deseada, pero de tanto insistir, le dieron la oportunidad. Cuenta que un día, el presidente actual de General Díaz, Jorge González y Julio César Yegros, exfutbolista de la selección paraguaya, fueron a ver un partido de Interligas, entre Caazapá y San Juan Nepomuceno.

El partido terminó 6-6 y Antonio Bareiro hizo cinco goles. ¡Locura! Los ojeadores habrán quedado maravillados seguramente con la actuación fantástica del pequeñín. ¡No! El directivo de General Díaz y Yegritos ya tenían en la mira a los futbolistas que quería y prácticamente no les importó el show del “Demonio”.

“No cambiaron de opinión y no me hicieron caso. Yo pienso también que mi estatura y mi físico tuvieron mucho que ver. Viste que a los jugadores chicos no es que se le quiere demasiado”, recordó decepcionado.

Pero aquello no iba a frenar su entusiasmo de aventurero. Se enteró que el hijo de su mejor amigo, “Galo”, iba a tener la oportunidad de venir a probar en General Díaz. Le insistió tanto que lo convenció de hablar con Julio César Yegros. “Todos los días le insistía y le invitaba a cenar. Pero era solo invitar, no tenía ni mil guaraníes. Él terminaba pagando siempre”, cuenta entre risas.

Finalmente tuvo el encuentro con “Yegritos”. Lo reconoció inmediatamente y le abrió las puertas de llegar a Asunción, el sueño anhelado por cualquier persona del interior. “Yo no tenía ropa ni mochila. Nada. Le pedí a mi hermano su única mochila y le dije que le compraría un auto cuando surja como futbolista. Le cumplí a medias, porque solo le regalé una moto hasta ahora”, revela.

Llegó a la Sub 20 de General Díaz y según cuenta, tenía que sobrevivir con 50 mil guaraníes semanal que le daba el club, que por suerte le brindaba una pensión además.

Luego se aventuró a ir al Sportuvo Trinidense, que estaba en Primera cuando eso, pues en el Águila no le tenían en cuenta ni en la Intermedia. Ahí debutó en la máxima categoría y tuvo que pelear con la irregularidad de jugar a veces, no ser tenido en cuenta. Recorrió luego por Rubio Ñu, donde no tiene buenos recuerdos y luego retornó nuevamente a General Díaz para conseguir el ansiado ascenso a Primera.

“Cuando jugás en clubes chicos no te alcanza mucho y eso que era soltero. Yo vivía hacia Luque en una pieza de 3×3. Tenía una cocinita, un baño y mi ropero (trajo de Caazapá). A pesar de las malas, nunca pensé en abandonar el sueño. Tenía que aguantar un poco más y ser caradura como siempre”, dice con pruebas y sin dudas.

En uno de los tantos recuerdos también mencionó que estuvo cerca de jugar en Sportivo Luqueño, pero lo querían solo para la Reserva, con la que entrenó una semana y luego se “borró”, al igual que la persona que lo llevó y le aseguró que jugaría en Primera con el Auriazul.

El gran salto

Luego de tanto deambular, de insistir y nunca desistir, le llegó el gran premio: lo compra Libertad. Hizo una tremenda temporada con General Diaz y el Gumarelo a Olimpia y Cerro, que ya habían acercado ofertas.

Está en Tuyucuá hace siete años y es el segundo más antiguo en el club luego de Sergio Aquino. “Mi idea es alcanzarlo si se puede”, dice, aunque sabe que los 14 años del “Patito” parecen inalcanzables.

Su llegada a Libertad fue algo sorprendente, relata. Fue llamado para la pretemporada y aparece en Tuyucuá con un bolsón gigante con todas sus cosas, pero hasta pasó vergüenza por su inocencia. “Llego al vestuario con un bolsón enorme. Estaba el ‘Loco’ Pérez a mi lado, porque él también era nuevo. Yo obviamente calladito como todo nuevo. En una de esas, el utilero me trae una canasta gigante. Lo reviso y estaba llena de ropa de entrenamiento, calzas, toallas, hasta zapatillas. Tuve mucha vergüenza y enseguida llevé mi bolsón al auto. No sabía que no hacía falta llevar nada, porque en los clubes chicos hasta tu remera de entrenamiento tenés que llevar”.

Su vida cambió totalmente con el Gumarelo. Recompensó a sus padres. Le reconstruyó la casa y puso un lavadero a cargo de su papá. “A ellos no les falta nada. Le dije a mi papá que ese era su negocio ahora y como aún quiere hacer cosas, él sería el que maneje los gastos e ingresos”, reveló.

Una madurez necesaria

Algo que Antonio Bareiro recuerda mucho, es que en Libertad pudo dominar su mal carácter, a base de multa y también por un autoconvencimiento. “Un día dije: ‘No puedo seguir así, siempre tengo problemas dentro de la cancha y encima se me expulsa’”.

Pero una fuerte multa fue el que lo convenció definitavamente que debía de resaltar más por su juego, que por sus constantes discusiones dentro del campo de juego. “Creo que queda mal. Expulsarte por tonterías no da y le dejás a tus compañeros con uno menos. No es justo. Recuerdo que me multaron en el 2015 cuando me expulsaron ante River en el Monumental. Esa fue la última vez que me sacaron roja por una macanada”, reflexionó.

Con 30 años, a punto de cumplir 31, Antonio Bareiro siente que ha cumplido gran parte de lo que alguna vez soñó. Insistir hasta más no poder tuvo sus frutos: titular indiscutible en Libertad, donde tiene contrato hasta el 2023. Pentacampeón del fútbol paraguayo (4 ligas y 1 Copa Paraguay) y ser convocado a la selección paraguaya.

El pequeñín de Caazapá desafío a todos, principalmente a los que lo juzgaban por su estatura. Antonio Bareiro, con apenas 1, 67 m es uno de los mejores jugadores que tiene el fútbol paraguayo en duelo aéreo y quizás el mejor volante por derecha que tiene el balompié local.

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